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DOMINGO ONCEAVO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

DOMINGO ONCEAVO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

La Epístola y el Evangelio, nos van a hacer reflexionar de cosas muy pero muy interesantes sobre todo tratándose de cosas  individuales, particulares de cada uno de nosotros. Un sordomudo que es curado por nuestro Señor y alabanzas  por otra parte de San Pablo de la bondad de Dios para con él, para su servicio. Que tristeza para el ser humano estar sordomudo y si agregamos estar ciego y ponerse uno en su voluntad de no entender como servir a Dios, por ahí va el camino que nos marca hoy la Epístola y el Evangelio. Si yo supiera como es agradado nuestro Señor servirle, entonces quizás nosotros mismos tomaríamos el camino necesario.  Mas, no depende de cada uno de nosotros, sino que es la voluntad de Dios, por su pura misericordia, podemos hacer de tiempo en tiempo alguna obra buena. Pero si así, teniendo los ojos abiertos nos es difícil hacer continuamente obras grandes  imaginen ustedes lo sordo y si sumamos no poder expresar lo que no escuchamos, parece ser que es un círculo vicioso. Escucho y puedo articular palabra, que tenga sentido, que logren expresar lo que yo siento, que logre hacer mover a mi prójimo de lo que yo tengo dentro. Pero si no escucho, no tengo esa posibilidad de hacerme entender de alguna manera o imitar los sonidos, pero que esos sonidos tengan sentido, ahí comienza nuestra pequeña reflexión con respecto al combate que cada uno de nosotros debe realizar.  Muchas veces creemos que combatir o alinearse en el Ejército de nuestro Señor, consiste en hacer cosas heroicas, cosas llamativas para el mundo, que suenen, que tenga resonancia aquello que estamos haciendo, hacer mucho ruido y consolarnos “ahí está el punto” al menos a nosotros mismos: YA ESTOY HACIENDO ALGO POR LA CAUSA DIVINA cuando en realidad no es así.

Las cosas de Dios, para empezar, se hacer EN EL SECRETO DEL CORAZÓN, COMIENZAN EN UNA REFORMA INTERIOR DE NOSOTROS, HAY UN FUEGO QUE NOS EMPUJA A HACER LAS COSAS, AUNQUE NADIE NOS ENTUSISME Y NOS PONGA LOS MEDIOS, ESE FUEGO CUANDO ALGUIEN LO TIENE ES NECESARRIO QUE NO QUEDE DENTRO, DEBE SALIR DEBE PRENDER A LOS DEMAS, DEBE QUEDAR SATISFECHA LA PERSONA QUE LO POSEE. Pero para tener ese fuego, es necesario  QUE NUESTRO SEÑOR LO INFUNDA, que tenga Él misericordia de nosotros, que nos mueva en nuestro interior por una parte, y por otra parte es necesario además que nuestros oídos estén sanos y que nuestra lengua pueda articular CON SENTIDO no solamente repetir sonidos, que los demás seres animados lo hacen, pero hacer sonidos que tengan una racionalidad, es ahí el punto.

Cuando un ejército está en paz, en realidad, es una relativa paz, cuando no está en guerra, es necesario estarse preparando todos los días para la guerra y viene a ser algo irónico creo que hay mucho más trabajo cuando no hay guerra. Aquí el punto. Quiere decir entonces que nos encontramos solos combatiendo y que además estamos en paz si no hay guerra, nosotros ejecutar acciones, entrenarse continuamente para en el momento que sea necesario mostrar la casta, no quedar en ridículo si no nos hemos ejercitado en años, nuestros músculos para salir al combate y obtener la victoria justo ahí está el punto. Entonces nuestro Señor, quiere tocar nuestros sentidos, quiere hablarnos en el interior a cada uno de nosotros y si hay un fuego, ese fuego debe arder, debe salir de nosotros y quemar al prójimo, pero ojo, no esperemos a que el prójimo comience a hacer las cosas finalmente, siento que tenemos muchas cosas por las cuales debemos rogar a nuestro Señor humildemente nos de su misericordia y nos haga trabajar intensamente con aquello que Él quiere de mí, con aquello que Él quiere de cada uno de nosotros. Cuando esto se comienza a hacer, quiere decir entonces que hay algo muy grande dentro de nosotros y que ya recibimos a nosotros mismos estar tibios, escondernos en lo oscuro, que nos hace no aparecer en público sino estoy hablando de ese fuego que trata de consumir a los demás porque nos ha consumido a nosotros mismos y después solamente nos queda ubicarnos en el puesto que Dios nos ha dado el puesto que según creo que para cada uno de nosotros es muy grande, claro que si nos la pasamos como lo hemos hecho durante toda nuestra existencia, checando quien ocupa tal puesto “y nos gustaría ocuparlo”  y diciendo como hace mal o bien las cosas, SIENTO QUE PERDEMOS EL TIEMPO porque no nos ubicamos en nuestro puesto, si a mí me tocara nada más barrer, ESE SERIA MI PUESTO, y yo voy a recibir reprimenda, premio o castigo, si lo hago bien o no lo hago. Si a mí me toca predicar, entonces debo ejecutarlo con una mayor exactitud, mas sin embargo el deber de estado para el que barre como para el que predica, finalmente es SU DEBER DE ESTADO, si a mí me toca impulsar cosas grandísimas o dirigir al prójimo tratar de impulsar aquí o allá, ESE ES NUESTRO PUESTO, de tal manera que no debemos de desanimarnos de ninguna forma porque nuestro Señor, nos va a hacer encontrar plenitud en lo que nos está pidiendo como deber de estado, de tal manera que hay muchas cosas de las cuales podemos rogar a nuestro Señor, TODAS LAS COSAS LAS HA HECHO BIEN, DICE EL EVANGELIO, ha hecho escuchar a los sordos y hablar a los mudos, también narra el Evangelio que en cuanto se soltó su lengua dice: HABLABA RECTAMENTE, ¡qué maravilla! y aquí nos encontramos con algo más, aunque tengamos ojos, la potencia visual es otra cosa, (hay quienes tienen sus ojos pero están ciegos) (quienes tienen sus oídos y no escuchan) (quienes tienen lengua y no hablan) pero ahí, puestos en un grado mucho más elevado justo buscamos nuestra plenitud creo que muy humildemente debemos rogar a nuestro Señor que calme nuestras ansias, que nos de nuestra paz, nuestra tranquilidad, esa seguridad en el triunfo, que nos empuje a trabajar sin perder nuestro tiempo, que tratemos de edificar conforme vayamos caminando en el transcurso de la vida y no perdamos el sentido de las cosas, porque créanme que continuamente nos desubicamos, dejamos nuestro puesto y después queremos la plenitud tampoco la vamos a obtener créanme.

Lo que tenemos que hacer es entonces ahora sí, yo soy como alguien que es rechazado dice San Pablo, muchos vieron a nuestro Señor, yo también lo vi, yo no soy digno de ser llamado Apóstol, soy el último de los apóstoles y él dice ;como un desecho, mas sin embargo POR LA GRACIA DE DIOS, SOY LO QUE SOY. Entendamos tomar nuestro puesto, el que nos ha dado nuestro Señor y ejercitarnos en tiempos de no guerra, para que en el momento que venga la guerra estemos prestos, no podemos decir que porque no hay combate, CREANME QUE ESTÁ A LA ORDEN DEL DÍA y tenemos que ejercitarnos dulcemente pero para vencernos a nosotros mismos. Creo que hay mucho que meditar en esto, también se logra compenetrar aquel fuego, pero sobre todo cuando es puro, cuando es limpio cuando arde sinceramente de un amor a Dios y que quiere impregnar a los demás pero eso, solo llega, creo que debemos entendernos y rogar humildemente a nuestro Señor, nos conceda oír, hablar, operar y que todo esto lo hagamos de manera recta. Que Dios los bendiga. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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